¿Dónde estamos y dónde vamos?

 

El año 2018 ya es una ineludible realidad. El entorno económico de Cuba, parece no haber experimentado alteración alguna en el orden esencial. Diversas políticas, medidas, resoluciones, leyes y otros instrumentos han plagado la escena política y gubernamental las últimas jornadas, pero en la isla continúa la economía planificada y socialista, rigiendo los destinos de la nación. Los cambios en políticas macroeconómicas no han tenido otro objetivo que preservar el modelo irracional e inefectivo que durante medio siglo ha desequilibrado la estructura económica de la isla.

Han trascurrido ya casi 9 años desde el inicio del proceso de actualización del modelo económico cubano, comenzado formalmente la víspera del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC).

El rumbo trazado en los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución aprobados el 18 de abril de 2011 y que supone como soluciones a corto plazo1 eliminar el déficit de la balanza de pagos; dar respuesta a los problemas de mayor impacto inmediato en la eficiencia económica, la motivación por el trabajo y la distribución del ingreso; y la creación de las condiciones infraestructurales y productivas para el desarrollo, mantiene plenamente su validez.

En recientes discusiones de trabajo, el presidente de la comisión de implementación, informó a los diputados cubanos, el estado actual del proceso y confesó públicamente haberse equivocado2, al pensar que los cambios que se pretendían realizar, serían más sencillos y por ende en menor tiempo. Se hace difícil creer que una persona con tan alta responsabilidad dentro del aparato estatal, tarde casi 10 años en comprender la complejidad de la propuesta de construcción de un nuevo modelo económico para Cuba.

Quizás hasta cierto punto sea correcto alegar como limitante la complejidad de los cambios que se demandan efectuar. Pero el autor considera que este no constituye el principal factor que frena el adelanto definitivo de la construcción real de un modelo efectivo, más bien vuelve a ser el temor de la clase política de generar una apertura real, que ponga en riesgo su posición dominante desde el punto de vista económico, social y sobre todo político. Es por ello que cada una de las medidas que se aprueban, son previamente analizada con lenta profundidad y sometidas al juicio y criterio de especialistas de centros de investigaciones oficialistas, encargados de velar por la continuidad del proceso social socialista que defiende el estado cubano.

Por lo tanto, se puede afirmar que no existe una política económica gubernamental, encaminada al fomento de la actividad productiva y de servicios dentro de la isla, no existe como finalidad la idea de generar una estabilidad económica, política y social, más bien, predomina el principio de búsqueda desesperada de cualquier vía que permita mantener el proyecto político que se intenta construir. Para aquellos que esperanzados creen en el reconocimiento, espacio y fomento que el estado cubano, brinda al trabajo privado, particularmente al trabajador por cuenta propia (TPCP), el autor de este trabajo los convida a estudiar en profundidad las ideas marxistas sobre el carácter temporal de la propiedad privada y su papel como motor impulsor de la base económica de la nación, bajo el manto del socialismo. Lo esencial es recordar o aprender que la finalidad última, es el despojo de la propiedad privada y su traspaso a la clase obrera. El despegue de la propiedad privada y concretamente la elevación de su actividad económica, les es indispensable para el proceso futuro de construcción de una sociedad nueva.

Y para aquellos que en diferentes escenarios oficialistas y opositores y/o disidentes, se empeñan en decir, explicar, fundamentar y validar la irreversibilidad de los cambios acontecidos, en correspondencia a las relaciones de propiedad dentro de la economía nacional, este autor los convida a recordar la historia más reciente, cuando en 1959, fueron primero nacionalizadas grandes industrias y luego confiscadas, compradas, cedidas y otros, las mayoría de los negocios privados dentro de la isla. En aquella época la dimensión, alcance y poder económico político y social de los actores económicos privados era abrumadoramente superior, así como el respaldo jurídico que su actividad tenía. Sin embargo, se aminoró.

El segundo semestre del 2017, comenzó con muestras de síntomas de preocupación de las autoridades ante el crecimiento, éxito, pero sobre todo el reconocimiento económico y social de la actividad privada, como una alternativa viable, efectiva y digna. Incluso con patrones de calidad en la producción y los servicios superior, reconocido así por clientes nacionales y foráneos. En sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, fue anunciada tras una evaluación del desempeño de este sector3, la limitación de la entrega de licencias para veintisiete actividades con carácter temporal (hasta que sean corregidas algunas de las problemáticas identificadas) y se eliminaron definitivamente el otorgamiento de cinco actividades. Lo interesante resultó el hecho de que fueron estas mismas problemáticas presentadas ahora como origen de un “supuesto problema”, las limitaciones que se presentaron cuando se comenzó a permitir el trabajo por cuenta propia, bajo el compromiso de que se irían resolviendo por el camino.

Las últimas jornadas del año se dedicaron a la recuperación tras el paso devastador del huracán Irma, el cual causó importantes daños en el norte del centro y occidente del país, afectando no solo fondo habitacional, sino importantes enclaves económicos como la infraestructura hotelera del norte de Cuba, una de las principales actividades económicas de la isla. Unido a lo anterior se debió enfrentar además una compleja situación financiera internacional; Venezuela el principal socio comercial de la isla continuó viviendo una situación económica reflejada sobre la isla del Caribe. En el plano interno resaltan como irregularidades el incumplimiento de planes de inversión, planes de producción y distribución y otros fenómenos propios de una economía ineficiente y por demás tecnológicamente atrasada.

Sin embargo, pese a todos los inconvenientes objetivos, descritos anteriormente y para sorpresa de muchos, el Ministerio de Economía y Planificación (MEP), anuncia que Cuba cierra el año con un crecimiento económico.

¿Qué esperar entonces para esta nueva jornada de 365 día?

La economía estatal socialista, intentará a toda costa mantener su estatus y supremacía, para ellos se apoyará en las pequeñas actividades privadas. El emprendedor intentará crecer y retar la realidad. Convivirán bajo conflicto no antagónico estado socialista y privado hasta tanto uno de ellos se sienta apoderado como para desplazar al otro. Ambos usaran sus recursos como armas y ganará quizás no el más fuerte, sino el más hábil. El campo de batalla para esta contienda serán las cubanas y los cubanos, todos tendremos participación y si deseamos y nos proponemos cambiar, podemos además ser decisores.

  1. Ver VI Congreso del Partido Comunista de Cuba “Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución” La Habana, 18 de abril de 2011, p. 10.
  2. La equivocación no se refiere a un acto personal, sino que esta disculpa a la nación, llega desde el partido, el estado y el gobierno. Todas estructuras de las que él forma parte y que claramente tienen implicación en este hecho.
  3. Entre otros elementos, que se utilizan materias primas, materiales y equipos de procedencia ilícita; persiste el incumplimiento de obligaciones tributarias y se sub-declaran ingresos; falta de enfrentamiento y solución oportuna a los problemas; subsisten imprecisiones e insuficiencias en el control; así como se constatan deficiencias en la contratación económica para la prestación de servicios u oferta de productos entre personas jurídicas y personas naturales. Según las palabras de Marta Elena Feitó Cabrera, Viceministra del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) de Cuba.

You may also like