Sobre el ejercicio del trabajo por cuenta propia

CAMAGÜEY.-   Para los trabajadores por cuenta propia en Cuba realizar su labor es una odisea. Estos tienen que hacer magia para poder mantenerse a flote, porque no cuentan con un lugar para adquirir las materias primas y otros insumos al por mayor. La mayoría de las veces tienen que recurrir al mercado negro y por consiguiente tienen que violar las leyes del país. Ellos compran sus productos en los establecimientos del estado, a precios minoristas pues en Cuba no existen almacenes para que los emprendedores privados cubanos compren materia prima e insumos a precios mayoristas; todo esto trae como consecuencia que el precio de venta a la población sea elevado. Es bueno decir que estos generalmente mantienen mejor servicio que los estatales porque en ellos priman el interés por el bienestar de su economía y la de la familia. A diferencia de lo que han querido inculcarle al pueblo cubano por más de cincuenta años que todo es de todos y para el bien de todos y no acabamos de ver los resultados.

Otro problema con el que tienen que bregar los trabajadores particulares es con el constante asedio de los inspectores gubernamentales. Estos funcionarios que son los encargados de supervisar y controlar la legalidad de los distintos negocios están corruptos por la misma necesidad y por lo exiguo de su salario, algo más de 15 dólares mensuales. El cuentapropista se ve obligado a otorgar regalos, dinero, prestar gratuitamente sus servicios para poder evitar las grandes multas de las que pueden ser objetos si son descubierto infringiendo la ley. También tienen una preocupación extra cuando sus negocios son prósperos, porque vienen las acusaciones de enriquecimiento ilícito, los llamados plan macetas o cualquier otro nombre que le pongan.  

En el periodo del primero de enero hasta el veinte y nueve de abril de cada año deben hacer la declaración jurada. En dicha acto se debe declarar las ganancias  de cada negocio que así lo requiera la ley. En muchos casos estos contribuyentes son nombrados sub declarante, porque supuestamente no relacionan todos sus ingresos. Esta medida se la imponen con una fórmula que usan los funcionarios de la oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT). En este proceder  a los trabajadores por cuenta propia no los convencen porque plantean que no se tiene en cuenta las difíciles condiciones en que tienen para adquirir las materias primas y otros insumos. El Decreto Ley 308 plantea en su artículo 118 que el sub declarante pagará una multa hasta 10000 pesos. Legalmente esto está recogido en la Ley 62, Código Penal, en su título XIV, Delitos contra la Hacienda Pública, Capítulo I Evasión Fiscal. Bueno es que se sepa que el pueblo cubano no tiene cultura tributaria, por los tantos años que se han vivido en un sistema económico divorciado con el resto del mundo. Se vivió con las llamadas gratuidades, que daba el gobierno, cuando se sabe que los trabajadores obtienen bajos salarios porque ahí están incluidas.

Hoy la prensa oficial se hace eco de juicios, condenas, multas y otras medidas tomadas en los tribunales de la isla y tratan de que los ciudadanos comprendan. Hacen referencias a estrellas del mundo de la farándula mundial,  para que sepan que nadie está exento del pago de impuestos. También en el llamado a la conciencia colectiva se plantea que los impuestos son para la salud, la educación y la seguridad social. Estos son muy buenos y valederos argumentos, pero para lograr que esto funcione hay que dejar de temer a la propiedad y privada y a la entrada de capital extranjero hacia los trabajadores por cuenta propias. Tienen que saber que todo el acoso a los vendedores, productores de artículos, productos agrícolas, prestadores de servicios a nuestra sociedad se revierte en una carestía de los mismos hacia el pueblo, que es la  razón de todo sistema de gobierno.

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