Doble nacionalidad

Cuba es un país de raíces españolas y africanas, los originarios fueron extinguidos en su mayoría, quedando solo unos pocos en la región oriental. Luego de 30 años de cruentas guerras independentistas, en 1902 por fin fuimos una nación soberana; pero ya nuestro archipiélago estaba poblado por muchos españoles que se sentían como en su casa. Posteriormente, durante muchas décadas, continuaron emigrando hacia Cuba ibéricos de todas las regiones de España. canarios, gallegos, extremeños y otros llegaban en busca de mejoría económica, muchos como mi bisabuelo, la encontraron. En el año 1959 se terminó la libre empresa y con ella el éxodo.

Cuando acabó el largo período en que era una rareza ver a un extranjero y un delito hablar con ellos, continuaron llegando españoles, pero ya no como inmigrantes, si no como turistas con verdes y prósperos bolsillos. En este punto se invirtieron los papeles, eran los cubanos los que anhelaban viajar. Ya los Valdés no odiaban a los Resoples, las modernas Marías Silvia querían novios españoles, los “Pepe” estaban de moda.

Luego se disparó un fenómeno masivo; aun cuando lo prohíbe la Constitución de la República, se empezó a adoptar la ciudadanía española por decenas de miles de cubanos, nietos de españoles. Pero nadie crea que esta supuesta actitud de “hacer la vista gorda” por parte del Estado es gratuita, las arcas del país ingresaron millones en las dos monedas por concepto de cobro de servicios de legalización de documentos.

La madre patria no olvida a sus hijos, aun cuando nacieron en ultramar, gracias a la Ley de memoria histórica. Aun cuando pasa esta nación por una crisis económica, ayuda a los de la tercera edad con una pensión que, si bien no tiene un monto importante en otro país, en el nuestro es un gran alivio para los beneficiarios, de hecho, cuando se sacan cuentas, en la mayoría de los casos duplica las míseras pensiones que perciben estas personas. También los beneficios para los cubanos nacionalizados se revierten en libertad de viajar a cualquier parte del mundo, lo cual en muchos casos se ha convertido en un medio de vida, por la importación de mercaderías que luego se vende en el país.

Nos preguntamos entonces, ¿cómo es posible que un país en crisis, por demás capitalista, tenga a bien ayudar a sus ciudadanos?

La respuesta es la que nos dé la gana, dado que jamás la prensa oficial se ha dignado a tocar el tema como si el asunto no existiera, como si las remesas desde el exterior no fueran la segunda mayor vía de entrada de divisas a la anémica y maltrecha economía nacional y un alivio para las muchas familias cubanas que las reciben. Tabú.

En estos días, las colas en el vice-consulado español en Camagüey son más largas que lo habitual. Son días de recibir la ayuda; extenuados, pero contentos, nuestros ciudadanos cubanos nacionalizados españoles reciben su ayuda monetaria. Hoy se habla de la propuesta en el Congreso de los Diputados, para que la Ley beneficie a los bisnietos, ya en la Isla están atentos a su aprobación, volverán las interminables colas en las consultorías jurídicas internacionales de todo el país y el Estado volverá a hacer la vista gorda y abrirá sus cofres para recibir alegremente su dinero.

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