Ofensiva revolucionaria

Checoslovaquia 1968. Alexander Dubcek fue nombrado nuevo líder del Partido Comunista Checoslovaco e instituyó reformas radicales durante el periodo conocido como La Primavera de Praga, que implicaba una reducción del control burocrático y cierta tolerancia hacia los deseos y necesidades de los ciudadanos. En este periodo florecieron las artes y algunos artistas como el dramaturgo Václav Havel se incorporaron a la escena. En el mismo año, temiendo que las evoluciones políticas de Dubcek fueran una amenaza para la contención del bloque soviético, los países del Pacto de Varsovia con la Unión Soviética a la cabeza invadieron Checoslovaquia y anunciaron la Doctrina Brezhnev que consistía en no permitir que un país del bloque soviético se retirara del comunismo.

Cuba 1968. Mientras mi madre me traía al mundo, el Gobierno “Revolucionario” -previo ablandamiento propagandístico- arremetía contra los pequeños negocios, un remanente de la eliminación de la gran y mediana propiedad privada ocurrida en los albores del Castrismo. Fue nombrada festivamente como “ofensiva revolucionaria”. Quizás vieron las barbas de su lejano vecino de Europa de Este arder y decidieron que, aunque tenían bajo un control férreo al pueblo, los pequeños negocios eran un peligro latente por ser una evocación del capitalismo. Al padre de una amiga, en aquella época propietario de un pequeño taller de mecánica automotriz, le confiscaron hasta el escritorio con los lapiceros. Por si acaso, se habrán dicho.

Cuba 2017. La Asamblea Nacional se reúne en sesiones. Una de las fundamentales “preocupaciones” es el trabajo por cuenta propia. Consideran alarmante que un grupo de emprendedores privados estén acumulando capital. No es el espíritu de la “apertura” dicen algunos diputados – ¿será verdad que es una preocupación personal? o, quizás alguien se las susurró al oído-, e insisten con vehemencia que el dinero amasado en exceso es producto de engañifas al fisco, obscuros negocios y trapicheos con la economía subterránea.

El propio Raúl Castro declara ante la Asamblea que tiene conocimiento de individuos que tienen varios restaurantes en diferentes provincias, que un ciudadano cubano viajó treinta veces a diferentes países, ¿de dónde saco el dinero? se pregunta. Seguramente no lo robó, de lo contrario estuviera tras las rejas. Dudo que desconozcan el origen de las finanzas del infeliz que está en boca del omnipotente presidente. Trivial declaración para ser dicha por un estadista.  No quisiera estar en los zapatos del aludido.

Asimismo, la prensa en armonía con sus dueños arremete contra los emprendedores, no contra todos, claro está, solo contra los exitosos, los que alcanzan un estatus que les permite viajar, vacacionar, comprar autos y vivir despreocupados del “¿qué voy a comer mañana?”. Lo anterior es peligroso para el régimen que entiende que el cubano que tiene resueltos sus problemas económicos, amén de estar menos atados al “Sistema”, comenzará a pensar en otros problemas nacionales como la falta de libertades y eso es inaceptable para la “Nomenclatura partidista”, que ven con preocupación lo que ocurre allende al Mar Caribe. Nada que pueda poner en peligro su poder absoluto será permitido.

El trabajo por cuenta propia – un febril invento seudoliberal del benjamín de los Castro-, fue creado con el objetivo- además de mejorar la imagen de La Habana ante otras naciones- de detener el desempleo galopante, la idea era que surgieran puestos de trabajos y pequeños negocios legales pero informales, lo suficiente para que los titulares de estos últimos vivieran con cierta holgura y dieran empleo a unos pocos. En materia fiscal surgió la Ley 113, instrumento legal para prevenir y contener el enriquecimiento personal mediante impuestos desmedidos. Pero algunos emprendedores realmente lo han sido y al parecer, según los truenos que se escuchan del Olimpo, están amasando pequeñas fortunas. Ahora se suman a la lista de enemigos internos a quienes hay que tener en la mira. “Compraron pescado y les cogieron miedo a los ojos.”

Los truenos y relámpagos que sonaron en el Parlamento, ampliamente replicados por la prensa, es un aviso para los pequeños empresarios y para los que aspiran a ello, desde ya tienen una diana en sus espaldas. No se permitirá que el ciudadano común intente replicar a la pequeña burguesía en el corazón del Socialismo totalitario. Solo la sacrificada “Generación del Centenario” y unos pocos escogidos posrevolución tienen derecho a vivir como ricos, para eso tienen la “misión histórica” de preservar la obra revolucionaria del Comandante. No pueden pasar hambre, por supuesto.

Y tal como ocurrió hace 49 años en aquel 1968, la Primavera de Praga en la Checoslovaquia de Havel y la ofensiva revolucionaria en Cuba, las críticas de Occidente son casi inexistentes. La Unión Europea se apresta a invertir en la Isla y otorgar préstamos al pedigüeño y mala paga Estado cubano, la exigencia de respeto por parte de La Habana por los derechos humano de sus ciudadanos es solo para guardar las apariencias. Para los Estados Unidos de América de Donald Trump no somos tan importante como para estar en su agenda, su pantomima en Miami solo fue un placebo para sus electores anticastristas.

Yo en lo personal, con 49 años de vivir en este caluroso barrizal, dirijo mi mirada a Venezuela, al parecer –tristemente- dependemos de los arrechos panas para arrinconar económicamente al Régimen. Ojalá nos llegue, más temprano que tarde nuestra propia Primavera, no quisiera oír repetir a coro -como lo hice yo en mis días de feliz inocencia-  a mi recién nacido nieto en su primer día escolar: “pioneros por el comunismo…”.

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