Estrategia y realidades

Cada persona tiene su propio concepto de prosperidad que va construyendo a lo largo de la vida. Sin embargo, por un mecanismo inherente a la naturaleza humana, una buena parte de nosotros solo identifica la prosperidad con el aspecto económico.

Si las condiciones de vida son precarias, las personas se aferran a la búsqueda de seguridad y subsistencia. Se vuelven hacia sí mismos. Si no se tiene comida o un techo es difícil que se piense en artes o en Filosofía. Si sus vidas son miserables, las personas son infelices porque en ese escenario proliferan las miserias humanas y se pierden los valores tradicionales que consolidan una Nación. Pero en la medida que se tengan resueltas las necesidades básicas y perentorias, las aspiraciones y creencias de las personas estarán ligadas a la búsqueda de su realización profesional, el altruismo y la solidaridad.

Pero si en Cuba no hay un crecimiento económico sostenido en el tiempo, se lastrará la prosperidad y la manera en la que las cubanas y cubanos percibimos el bienestar hacia el futuro.

El entorno macroeconómico cubano se encuentra en presencia de una dinámica negativa que viene dada por el modelo económico incapaz de generar recursos para el desarrollo y la democratización del País.

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“¡Medicamentos que curan …y matan ¡” (II)

Hace 24 meses escribí en esta plataforma digital del Observatorio de Derechos Económicos: “El actual ordenamiento jurídico para la protección al consumidor en Cuba deberá ser aplaudido solo si viene acompañada de cambios reales en el modelo de desarrollo económico, de tal manera que sea la iniciativa privada la que (…) despliegue todas sus potencialidades transformadoras en el tejido económico.”

En la nota en cuestión hacía referencia a la Resolución No. 54 del 2018, “Indicaciones para la organización y ejecución de la protección al consumidor en el sistema de comercio interno”, del Ministerio del Comercio Interior, Mincin, mediante la cual los productores y comercializadores cubanos de bienes y servicios tanto estatales como privados se obligan a establecer sistemas internos para implementar la protección al consumidor que incluya la compensación ante quejas y reclamaciones hasta que, en un futuro incierto, se apruebe la Ley de protección al consumidor no contemplada en el Cronograma legislativo 2019-22.

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¿Ser negro supone ser más pobre?

El Estado cubano ha reconocido internacionalmente que en Cuba existen manifestaciones de desigualdad y discriminación racial. No obstante, la propuesta oficial ha resultado insuficiente cuando no contraproducente en el terreno de las luchas y las ideas de los cubanos por sus identidades, sus derechos y demandas en los entramados socioeconómico y político. En pleno siglo xxi el problema de la desigualdad social y la discriminación racial hacia los afrodescendientes constituye un imperativo para la verdadera democratización de la sociedad cubana.

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Medicamentos que curan…, y matan (II)

Hace 24 meses escribí en esta plataforma: “El actual ordenamiento jurídico para la protección al consumidor en Cuba deberá ser aplaudido solo si viene acompañada de cambios reales en el modelo de desarrollo económico de tal manera que sea la iniciativa privada la que (…) despliegue todas sus potencialidades transformadoras en el tejido económico.”

En la nota en cuestión hacía referencia a entrada en vigor de la Resolución No. 54 del 2018 del Ministerio del Comercio Interior, Mincin, mediante la cual los productores y comercializadores cubanos de bienes y servicios se obligan a establecer sistemas internos para implementar la protección al consumidor que incluya la compensación ante quejas y reclamaciones hasta que, en un futuro incierto, se apruebe la Ley de protección al consumidor no contemplada en el Cronograma legislativo 2019-22.

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En el Cuentapropismo está el futuro democrático de Cuba

Es sabido que la economía cubana no genera recursos para su desarrollo, o dicho de manera más simple, el modelo económico frena el desarrollo de las fuerzas productivas. En realidad, pudiéramos estar mejor, potencialidades para ello tenemos, lo que falla son las estrategias y políticas económicas del Gobierno.

Las políticas económicas seguidas en el último cuarto de siglo abarcan escasas medidas económicas técnicamente válidas con distintos grados de implementación en un enmarañado e inacabable torrente de normas jurídicas, conceptualizaciones de modelos, planes nacionales, discursos reformistas y actuación contra reformista.

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